© Jorge Salazar Isaza

(1) Mi niña descubre el mundo con su dedito señala: la mesa, el perro, las alas con ceño cogitabundo. (2) Yo la miro y no me explico de donde nace su entusiasmo, me saca de mi marasmo con sus brinquitos de mico. (3) Vino sin pedir permiso, vida se invita a mi mesa cual una alondra traviesa con su canto aliña el guiso. (4) En la edad de los por qué de ella me pongo a pensar: todo vuelve a empezar con la razón y la fe. (5) Yo le canto por la noche muchas canciones de cuna que se elevan a la luna do mora el abuelo Joche. (6) Mi niña quiere a la gente que se interesa por ella, brilla en los ojos la estrella del cariño que se siente. (7) Esa confianza absoluta renueva en mí los anhelos porque el reino de los cielos solo los niños disfrutan. (8) En un mundo malherido niños tejen esperanza, cual un arca de la alianza con animales queridos. (9) De quién los torne mohínos quién impida su resuello ojalá le cuelguen al cuello la piedra de este molino. (10) Juego: segunda natura que en los niños acontece, de los árboles se mece toda su sed de aventura. (11) Infancia: nido de artistas, poética del regalo resplandece cual un halo, luego os liman las aristas. (12) Y sus límites explora mi niña con su capricho, mas cuando se halla en su nicho de todo allí se enamora. (13) Su gusto el himno concilia a Colombia canta de ahínco, la letra no le da un brinco dice “¡Oh! Gloria Irma y Cecilia”. (14) ¿Mas cuál mundo como herencia de nuevas generaciones? El plástico a borbotones contamina la conciencia. (15) Ellas nos pedirán cuenta diremos chorros de baba, la codicia nos entraba mientras todo se calienta. (16) Estamos más que advertidos vamos recto contra el muro de apocalipsis cianuro, no seamos mal nacidos. (17) Lo dice el papa Francisco: creación signo de amor, mas la volvemos dolor vomitando tanto cisco. (18) Natura: simple herramienta de ese progreso de marras, a ver de dónde te amarras cuando las aguas revientan. (19) Pues la niñez nos recuerda: vivimos en poesía por la gracia y la alegría de bien saltar a la cuerda. (20) Mi niña mira en asombro pájaros, flor, mariposa pero cosa más sabrosa cuando ella se sube a mi hombro. (21) Pues la niñez de mi infancia respira de ella fragancia, niña de toda mi vida gracias a vos no me olvida. (22) Y ver surgir el lenguaje cual un árbol su follaje, las palabras revoltosas les dan el nombre a las cosas. (23) El canto se abre camino marcado por el destino del corazón de la madre: tambor con la piel de hojaldre. (24) Vivo en torno de las niñas, si mi tristeza se apiña cuando el ánimo está bajo ellas la mandan al carajo. (25) ¡Sí! recuérdame Jesús, tú que cumpliste en la cruz del buen ladrón el anhelo quién también se robó el cielo.
Fin

Bien capturado el dilema: esperanza en la niñez vs planeta en colapso. Ojalá prevalezca la primera. Atinada la corrección al himno: Oh gloria, irma y cecilia. Pa lante Salazar!!!!
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Estas coplas son un Himno a la Vida, a los niños y a las niñas, a la infancia. En ellas se respira el amor profundo que le tenemos a nuestros hijos. Al leerlas percibo en cada palabra la inocencia y la alegría de la niñez que juega, canta, brinca y disfruta cada momento como único. También nos señala a los adultos toda la dicha que les estamos quitando en un futuro no muy lejano.
Gracias Jorge por este bello regalo. Los dibujos de tus hijas no podrían haber iluminado mejor el hermoso paisaje que creaste con tus coplas.
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Es efímera la niñez, por eso hay que disfrutarla desde el primer momento; los papás somos los referentes más importantes para estos pequeños seres que, al decir de Serrat «se incorporan a la vida sin temor al horario»; los acompañamos hasta donde ellos lo permiten; teniéndolo claro como papás, como de nuevo dice Serrat: «Y nada ni nadie puede evitar que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós». Gracias Salazar, gracias Valeria, gracias Zoraida.
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