Mitos

Los comienzos, foto: © Annie Drese.

Relatos míticos de los indígenas Mitua

Más conocidos como los Guayabero, de la familia Guahíbo, estos indígenas se localizan en la amazonía colombiana a lo largo del río Guaviare. Tuve la oportunidad de conocerlos en 1986 en el asentamiento de Barrancón, aguas abajo de la ciudad de San José, cuando realizaba un audiovisual para la corporación Araracuara sobre la selva húmeda tropical. En la recolección de estos mitos colaboraron los antropólogos Margarita Chaves Chamorro y Edgar Alzate.

Los relatos forman parte de mi tesina “Le récit comme moyen de communication – lectura d’une expérience – presentada en el Departamento de Comunicación Social de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica, 1987) y fueron publicados publicados luego bajo el título: “ Au commencement: récits des indiens Guayaberos de la Colombie ” (édition bilingüe: français – espagnol), Soleil de Lune éditions, Louvain-la-Neuve, Belgique, 1997.  A lo largo de mi carrera de profesor de cultura religiosa en Bélgica estos mitos me acompañaron como herramienta pedagógica invaluable.

El mito, como relato sobre el origen del universo es un lazo de pertenencia y una manera de habitar el mundo. La naturaleza allí se torna un lugar donde los seres humanos proyectan sus preguntas. Esta narración, a manera de filosofía oral, marca el punto de partida de la historicidad de un pueblo y sirve de referencia para su organización social. La especie “homo sapiens” es un animal mítico. Todas las sociedades se confrontan a una serie de problemas naturales que deben resolver por medio del lenguaje. Los mitos, ligados al rito, estructuran la relación al otro y a la naturaleza. Las normas y clasificaciones, presentes en estos relatos como símbolos, establecen un orden y se institucionalizan gracias a la capacidad de contar.

Existen diversas escuelas de interpretación de los relatos míticos. La que me brinda una mayor comprensión de los relatos “El hombre planta”, “El origen del zancudo” y “Kwey y el Rey Gallinazo”, publicados en este blog, es la teoría mimética de René Girard (1923 – 2015). Para este antropólogo francés, profesor en varias universidades norteamericanas, la subsistencia de cualquier comunidad humana depende de la cuestión de la violencia. Más que las fieras, las catástrofes naturales o los enemigos externos el mayor peligro yace en el interior del grupo. El sacrificio en sus diversas expresiones genera el equilibrio entre las tensiones, intereses y rivalidades presentes en la sociedad. El mimetismo, comprendido como tendencia a imitar el deseo del vecino, es la principal fuente del conflicto y este solo se consigue apaciguar mediante el rito sacrificial. Cuando esta institución entra en crisis la violencia de todos contra todos se desmadra y la única forma de parar la espiral sangrienta es la violencia de todos contra uno. A esta víctima Girard le da el nombre de chivo expiatorio. Todos lo creen culpable de la crisis o de la peste que se cierne sobre el grupo y sólo su sacrificio unánime puede devolver la estabilidad perdida.

Para Girard la violencia contra la víctima expiatoria es fundacional en el sentido en que pone fin, así sea de manera transitoria, al círculo vicioso de la violencia. El mito, como parte de un ritual y de un acontecimiento, prolonga el poder catártico del sacrificio inaugural. Estos relatos, guardianes de la paz en sentido estricto, contienen la memoria transfigurada del crimen colectivo y las normas que ayudan a que no se repita la crisis inicial. Las reglas matrimoniales, las prohibiciones y las formas culturales que permiten la humanidad provienen de la víctima divinizada. Ella es al mismo tiempo el veneno, todos suponen que es el culpable y el remedio por la veneración que genera su sacrificio. Estamos entonces frente al origen de la religión. Su función primordial es la constitución de la convivencia y la prevención de la guerra. Al contrario de lo que piensa la modernidad para Girard es la violencia la que crea las religiones gracias al poder convocador del rito sacrificial de la víctima expiatoria. Mecanismo por antonomasia de constitución de la cultura sin el cual las sociedades perecen en sus luchas intestinas. El relato mítico es memorial y en este sentido es parte integrante del sacrificio fundador.

En los tres relatos míticos que siguen se puede apreciar en forma simbólica la función descrita por Girard. “El hombre planta”, chivo expiatorio que tiene que huir para evitar su persecución, otra forma de desaparecer. Guasipán en “El origen del zancudo” es la víctima inmolada por la comunidad a partir de la cual surge la historia. En “Kwey y el Rey Gallinazo” los celos y la envidia muestran su capacidad atávica de generar conflictos.