Lembranzas

© foto, Annie Drese.

(1)
Los caminitos de tierra
se alegraban a mi paso,
por valles, bosques y sierras
me llevaron en sus brazos.

(2)
Si el desánimo acongoja
y se va a caer el carriel,
un capricho se me antoja :
los versos saben a miel.

(3)
Los olores de la infancia
aún mecen mi recuerdo.
Pino y musgo, su fragancia,
con ella nunca me pierdo.

(5)
Mil ríos surcan mi pecho
su agua bañó la niñez.
Paseos de olla, fruto jecho
y de una que otra preñez.

(6)
Con mamá aprendí el rezo
a responder a su modo,
si perdido en embeleso
ella me clavaba el codo.

(7)
De niño tuve una yegua
fue solo por vacaciones,
ahora que la edad me mengua
la invoco en mis oraciones.

(8)
« Totuma» y llegaba al trote.
Tan solo a mí me relincha
yo le acaricio el cogote
la monto a pelo, sin cincha.

(9)
Le daba panela y maíz,
cabalgaba por laderas
baño a cepillo de raíz,
su luz en mis cargaderas.

(10)
Al fin retiré la enjalma,
yo no sé si ella lloró
como aún la llevo en mi alma
acaso por mí oró.

(11)
Ya me olvidé de los juegos
del niño que una vez fui
más en esos días ciegos
él si se acuerda de mí.

(12)
Yo crecí entre pomares,
montes, ceibas y quebrada.
Duele ver tantos pesares
si allí no pasaba nada.

(13)
De pequeño tuve un radio
éste fue mi Disneylandia,
para el oído un astrolabio
escuchaba a «Guasquilandia»
.

(14)
Pasteles de mi mamá
dorados cual arreboles,
eran fiesta como el maná
tienen gusto de mil soles.

(15)
El pueblo de mis mayores :
techos murmuran ensalmo,
flores en los corredores
y los balcones a un palmo.

(16)
Un maestro me dio el candil
y su luz me favorece,
me protege del redil
cuando turba se enloquece.

(17)
La lectura es una amiga
que dulce el alma nos labra,
de la mesa caen sus migas
para nutrir la palabra.

(18)
Tú me honras con la lectura
de estas letras tan viajeras,
quizás te lleven dulzura
y un poco de entendederas.

(19)
Los recuerdos juntan vida
sobre todo si son gratos,
tranquilidad cuando olvidas
ofenzas y malos tratos.

(20)
El perdón es de otro palo,
exige verdad y enmienda
y llega como un regalo
que pone el alma en subienda.

(21)
Como nos cura de espanto
si asombrados por belleza,
la que nace de algún canto
o mora en naturaleza.

(22)
La muerte llama a mi puerta
y digo : casi estoy listo.
Me visto con lana injerta,
me le escondo entre el aprisco.

(23)
Sale el sol por la ventana
y mi niña se despierta,
ya la vida se engalana
las penas lucen inciertas.

(24)
Estos versos me acompañan
como el agua pa’ el camino :
llevo sed, ellos se apañan
y la apagan con su trino.

(25)
Aquí van estas lembranzas,
son flores de mi carreta
cuando las ruedas no avanzan
su perfume las aceita.

Fin.

© Jorge Salazar Isaza

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