A doña Gabriela White de Vélez
© Jorge Salazar Isaza
(1)
Con pedagogía cierta
nos enseñó el ajedrez
que protege de un revés
pues guarda la mente alerta.
Llevaba por nombre Berta
nos hizo amar la lectura
descubrir literatura,
otras fuentes de saber
a cumplir con el deber:
me afano con la escritura.
(2)
La maestra de mi escuela,
vereda de San Antonio,
al compás del viejo armonio
montamos una zarzuela.
Por el campo el alma vuela
son las dulces melodías,
a todos les da alegría
en el salón comunal,
canto, drama y buen final
de allí brota la armonía.
(3)
Nada se aprende aburrido,
lo tenía por divisa,
que hasta el asistir a misa
debe ser entretenido.
Gozo del recién nacido:
mundo gran juguetería
para aprender a porfía,
por develar el secreto
como dice el Teeteto:
de las cosas que sabías.
(4)
La letra A dijo a la Zeta,
en las fiestas del lenguaje,
llevamos el mismo traje
con su diferente recta.
Soy el principio, tú la meta
del abecedario amigo
de los niños un abrigo
que siempre les brinda aliento
con las palabras al viento
por la cuales crece el trigo.
(5)
Enseñó a querer el aula,
a respetar el gorrión,
a recitar la lección
mas no dentro de una jaula.
Cuando contó niña Paula
de la escuela su retiro
porque sus padres al tiro
la ponen a trabajar,
los hizo considerar…
todos dimos un suspiro.
(6)
Y los cuentos tienen magia
pueden crear universos,
nuestros amigos los versos:
mejor mundo se presagia.
La violencia nos contagia
pero tenemos remedio:
la lectura contra el tedio,
la escritura nos da alas
y si algún día te embalas,
el arte calma el asedio.
(7)
Matemática rigor,
belleza del teorema
tan parecida al poema,
también descifra el amor.
De los números albor,
rodeados de misterio
para tomarlos en serio
ya que forman infinito,
cual regalo del Bendito
son fuente de magisterio.
(8)
Nos enseñó el catecismo,
parábolas de Jesús
como semillas de luz
que nos sacan de sí mismo.
Protegidos del abismo
juntos supimos de un Dios
revelado en cada voz
que sufre por injusticias,
nos llegarán mil albricias
por una taza de arroz.
(9)
De la profesora Berta
guardo sublime recuerdo,
de entonces el saber muerdo
bebo siempre de su alberca.
En medio de la reyerta
que nos tocó en esos campos,
la escuela lugar de escampo
nos protegió de “pelietas”:
- Niños no son estafetas,
respeten los hipocampos.
(10)
Pero un día la maestra
partió sin decir adiós,
no sé si te acordás vos
de aquella tarde siniestra.
Supimos quién la secuestra
no respetaron su vida,
mas nuestra alma adolorida
también guarda su tesoro:
toda la luz y el decoro
de una señora querida.
Fin
3 respuestas a “La maestra”
-
Bello homenaje a la escuela y a los maestros; y la Matrona Antioqueña Gabriela W. de V. es un símbolo de esa labor, compromiso y vocación; ni los violentos con su cortedad pudieron ni pueden borrar ese símbolo; por el contrario, más se engrandece frente a las nuevas generaciones de estudiantes y maestros en Antioquia. Felicitaciones Jorge.
Me gustaMe gusta
-
Jorge:
Qué semblanza tan original y qué homenaje tan sentido. Bella forma de celebrar la vida y el legado de esta Maestra: una gran pedagoga que sembró la pasión por el saber, el gusto por la lectura y la escritura, el respeto por el otro y por lo otro. Guía para encontrar en la palabra el abrigo, en la fe una protección contra el abismo y la fortaleza para asumir el misterio de la vida.
Me encantó y me hizo recordar y admirar los grandes maestros y maestras que han sido luz en mi caminar.
Muchas gracias.
Me gustaMe gusta
-
Jorge que mezcla entre tristeza y una absoluta belleza. Me acuerda cuando mi Papá nos hablaba de la señorita “Gabriela” su profesora en Envigado. Gracias, me recordaste a quien no está físicamente presente y espiritualmente sigue siendo mi adoración.
Me gustaMe gusta

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta