Filosofía casera III: Señales de…

© Jorge Salazar Isaza

Foto: © Annie Drese

Alegría

– Chorrillo encendido en la noche entre las manos de un niño.

– Los saltitos de la nieta por la mañana antes de salir para la escuela.

– Bombilla alargada de colores con agua que hierve cuando se enciende el árbol de Navidad.

– Una sonrisa en los labios de alguien que lee un escrito tuyo.

– Una hija de su propia iniciativa sigue tu profesión, está contenta y lo hace mejor que vos.

Depresión

– Arreglos de Navidad en febrero.

– Comprar algo que no te gusta y regalarlo a otro. Este a su vez se desenhuesa y así hasta que la cosa te vuelve…

– Gente que tiene apariencia de cama sin tender.

– Jugar solitario, perder y seguir jugando sin saber por qué…

Tristeza

– Un entierro campesino al amanecer, por el camino de la montaña, con velas encendidas que siguen un ataúd.

– Un enfermo querido y por quien no se puede hacer nada distinto a cerrarle la mano.

Entusiasmo

– Un libro que te pone a madrugar o a trasnochar.

– Barrer la calle del barrio por el gusto de verla bonita.

– Un escritorio limpio, organizado donde se arranca a escribir en una mañana de sol.

– Una mochila aruhaca, gastada y rota: queda como nueva después que una mujer Kogi la repara en la casa indígena de Santa Marta.

Cólera

– Mujeres indígenas en el suelo, pidiendo limosna en las ciudades, rodeadas de sus hijos cara sucia… Y los papás por ninguna parte.

– Cuando alguien grita ante el país que lo van a matar por denunciar la corrupción y nadie hace nada. Al contrario, le quitan su esquema de seguridad…

– Los lideres y lideresas sociales desde hace décadas siguen siendo asesinados en Colombia.

Solidaridad

– Recoger un “emburundangado” en el centro de la ciudad, parar un taxi, pagar y montarlo para que el chofer lo lleve a su casa. El lunes llega el cliente a la oficina de la persona que le ayudó, da las gracias y reembolsa la carrera.

– Una pareja iba a viajar en su auto por Italia desde Bélgica. Ricardo quería ir a Florencia, ciudad que estaba en su ruta y les propuso acompañarlos con la condición de participar en los costos de transporte. Cuando llegó a su destino ellos hicieron la cuenta: gasolina, peajes… Y dividieron por tres.

Esperanza

– Alumnos que después de clase se quedan con el profesor durante el recreo para hacerle preguntas.

– Primero se llamaron el Ejército Popular de Liberación (EPL). Agobiados por la guerra y acogiéndose a una amnistía pasaron a llamarse movimiento “Esperanza, Paz y Libertad”. Unos fueron asesinados, otros engrosaron de nuevo las filas de grupos armados ilegales. Se conocen como “Los Esperanzados”.

Arrogancia

– En la época de los teléfonos públicos en muchos pueblos había una cola interminable para hacer una llamada. Sergio estaba en una de esas filas desde hacía un par de horas. Delante de él había un señor y después seguía un niño. Cuando por fin le tocó el turno el niño, éste le dijo al señor si por favor le podía marcar ya que él no alcanzaba al dial. El señor tomó la bocina, marcó el número propio, hizo su llamada y se marchó. El niño le entregó el papelito a Sergio quien sí le marcó su número.

Humor

– Una pareja de adolescentes que no paraba de besarse en el colegio hasta que una vez se quedaron pegados de lo alambres de sus aparatos dentales.

– Pepa y Lola, dos tías solteronas, vivían juntas en una casa de balcón en la plaza del pueblo. Cuando llegaban las fiestas del maíz buena parte de la familia visitaba Sonsón y nos quedábamos donde ellas. Aquella casa luminosa, llena de flores, se llenaba de chiquitos que gritaban y rodaban por los pisos de madera. Mis tías ponían todos los cuartos a nuestra disposición y ellas se iban a dormir juntas a un cuartico al lado de la cocina donde acomodaban un catre. Durante la noche Pepa se despertó y ve a Lola sentada en el borde de la cama: – ¿Lola, vos que estás haciendo ahí? – Yo aquí descansando un poquito…

– Mi abuela Luisa quedó viuda en Sonsón con trece hijos pequeños. Gracias a su hermano Joaquín y a su máquina de coser “Singer” pudo sacar el hogar adelante. En unas vacaciones les prestaron la finca “El Totumo” en tierra caliente. En caballos y con recua de mulas emprendieron el viaje y empezaron a descender hasta que ya se distinguía las hojas de plátano. La empleada doméstica Fidelina iba frunciendo el ceño por lo lejos que quedaba la finca. Cuando llegaron a su destino le dijo a la abuela que ella se devolvía para el pueblo porque aquello por allá estaba muy desolador. Mi abuela, angustiada, le rezó la novena a san Antonio. En esas Elías, el mayordomo de la finca, empezó a hacerle ojitos a Fidelina. La empleada entonces cambió de opinión: – Bueno, doña Luisa, yo más bien me quedo como la voy a dejar yo por aquí con toda la familia… Mi tía Lucila, la mayor, le preguntó a mi abuela: – ¿Mamá, vos si crees que Elías tenga intenciones serias con Fidelina? – No sé mija… Yo a san Antonio no le hablé del himeneo.

Pobreza

– Zapatos marca “Stanton” de plástico y rotos.

– Pasar por un restaurante y comerse las sobras de los platos antes que los levanten.

– Pagar el arriendo varios meses por adelantado porque así el propietario después tendrá paciencia con uno.

– Ir con los amigos a tomar algo en un bar y no pedir nada porque acabé de desayunar…

– Venderle una boleta de prendería a un amigo para que él reclame el empeño antes de su término.

Amor

– Dejar una margarita en tu ventana con un verso: “florecita de mi vida”.

– Contar con una persona de manera incondicional en las duras y en las maduras.

– Al hacer el amor sentir por un momento que una fuerza nos sumerge en la eternidad.

– Vivir largos años con alguien y no aburrirte.

-Ser testigo de la magia que pones en todo lo que tocas…

Fe

– Cuando te oyes pronunciar en medio de una enfermedad grave: ¡Ayúdame Dios mío!

– Una fuerza que empuja a salir de la cama y hacer algo bello.

– Aceptar que Dios, aún con mis fallas, cree en mí.

– Comprender que un mundo sin cielo no tiene agarradero.

– La maldad es un pozo insondable donde puedo caer si camino lejos de tu mano.

–  Entender que la fe es la mamá de la razón.

                                                          

Fin

3 comentarios sobre “Filosofía casera III: Señales de…

  1. Jorge que variedad de experiencias expresadas de manera bella y sencilla.

    La vida corre y corre y un día la alcanzamos. Un abracito querido amigo.

    Gracias por estos regalos 🎁 tan bella mente dispuestos. Con aprecio, Hector Fabio

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  2. Jorge:

    Estas «señales» están llenas de historia, de recuerdos, de sensibilidad. Tus palabras me sorprenden porque revelan la vida, así, transparente. Instantes que podría pasar desapercibidos, pero tu lente de escritor los atrapó para eternizarlos, al igual que hizo Annie con su foto, en estampas bellas, que te juro, jamás olvidaré.

    Gracias.

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  3. Hombre Jorge esto sí es un compendio de situaciones que uno hizo, que uno vio, que uno vivió y que uno sintió. Una mezcla de la vida de muchos de nosotros y que a la edad en la que estamos aun las hacemos, aun las vemos, aun las sentimos y aun las sentimos.

    Aunque el mundo haya cambiado parece que hay situaciones que quieren ser eternas.

    Buena esa hermano !!!

    ( un poco tarde el comentario…pero vale)

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