© Jorge Salazar Isaza

Dibujo: Inaïah Drese, 5 años.
El velero de bambú
correo de los siete mares
lleva por aquellos lares
cargamentos de champú
y de vestidos hindú.
Encargos de las sirenas
para celebrar verbenas
donde se eleva su canto:
de ternura todo un manto,
mejor alivio de penas.
El mar se viste de fiesta,
se precipitan delfines
que se han puesto corbatines,
pulpos que forman orquestas,
llegan peces en las crestas…
El universo marino
de mil tonos coralino
prepara aquel concierto,
rumba de vivos y muertos
que celebran su destino.
Luego de festividades
el Velero suelta amarras,
sigue su oficio de marras:
navega profundidades
para llevar novedades.
Un día tras la tormenta
iba a velocidad lenta
cuando escuchó un llanto quedo
entrecortado por el miedo,
allí do la ola revienta.
Se aproximó del quejido,
provenía de una balsa
ya con los maderos falsa,
un náufrago malherido
su vida casi había ido.
Se trataba de una infanta
que de una tragedia escampa,
el Velero abrió su quilla
se deslizó la barquilla,
allí por fin se decanta.
Torna entonces el Velero
de las sirenas la gruta,
con urgencia hizo la ruta
nuestro intrépido naviero
tras el auxilio primero.
La niña estaba inconsciente,
las sirenas diligentes
le brindaron el cuidado
que requería su estado,
la vida abrevó la fuente.
De la niña al despertar,
la tristeza de su drama
verse sin papa ni mama,
con sirenas el cantar
lograba sobreaguar.
Les dijo llamarse Lía,
contaba la gritería
cuando colisionó el barco
catástrofe en desembarco,
cómo la gente se hundía.
Al lugar de la tragedia
de sirenas un comando
va por el fondo nadando,
de la carcasa en dos medias
hallan cuando el sol promedia.
Bucean los laberintos
del navío variopinto,
cadáveres ya fantasma
todo envuelto en la “marasma”
de los tiempos sin recinto.
Traen de aquella excursión
a Lía desconsolada
la muñeca de nombre Hada
y de su madre el medallón,
las alberga la emoción.
Se eleva entonces la música
de acantilados acústica,
sonidos de sal y canto
que curan de los espantos
donde revive la lúdica.
El Velero a su regreso
de Lía ya en mejora
despedida sonó la hora,
las sirenas en embeleso
la pasajera al expreso.
Va el Velero sin apuro
buscando puerto seguro
do la vida de una niña
libre de toda rapiña,
consiga labrar futuro.
En una playa la deja
cerca de algunas moradas,
Lía canta una tonada
mientras Velero se aleja,
notas que van a una oreja.
De música profesora
se asombra de esa cantora,
la voz la lleva a su vera
mira a Lía la trovera:
su canción es redentora.
Fin
6 respuestas a “El Velero de Bambú”
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Jorge que hermosura , una mezcla de la relación hombre -mar. Me parece estar viendo toda la escena en un mar de tonos azules y toda la atmósfera de la misma manera. Siento el sabor de la sal del mar. Me sentí como observadora de todo la escena en el sitio. Genial
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coplas sencillas y bonitas. Enseñan mucho sobre la vida en este planeta
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Muy bello cuento, un nuevo ambiente estético, nuevos personajes, nuevas situaciones; aires nuevos en tu escritura, armonizando poesía con cuento. Felicitaciones; y felicitaciones a la niña ilustradora, un gran debut.
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Siento el cuento de música infantil, agradable. A veces siento la lectura un poco tropezada, difícil, puede ser ignorancia mía: un poco coja en algún verso.
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¡Qué belleza de cuento!
Este relato, que a la vez es un canto, tiene una ilustración genial porque nos traslada al lugar de la tragedia, al movimiento del mar. Es un canto lleno de aventura, de imaginación «el correo de los siete mares», hay en él fiesta, desolación, suspenso , esperanza.
Atrapa al lector, pues las sirenas cumplen a cabalidad su tarea. Aquí uno siente la vida en cada personaje y sus emociones. Literalmente me «encantó».
Gracias Inaiah, gracias Jorge.
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